El presente artículo fue escrito por la historiadora británica Pamela Weston, autora de varios libros y escritos relacionados con el clarinete, entre ellos el famoso libro "Clarinetistas virtuosos del presente". La traducción ha sido realizada por Marco Antonio Mazzini.
Los nombres de Lefévre, Klosé y Carl Baermann se han convertido en íconos en el mundo de la enseñanza clarinetística, ya que los métodos que escribieron durante la primera mitad del siglo XIX, estaban tan bien fundados que aún son impresos para su uso hoy en día.
Estas tres personalidades también formaron parte en el mejoramiento del instrumento, sobre todo Klosé. Ellos no estuvieron aislados en sus ideales, ya que fueron influenciados por otros músicos, maestros e inventores, cuyos nombres y contribuciones deben ser incluidos en esta historia: Beer y Tausch, los primeros virtuosos que fueron los responsables en crear una escuela de clarinete; Muller, el intrépido ejecutante viajero que inventó el instrumento de sistema simple, y Berr, profesor del Conservatorio de París, quien aportó muchas reformas en la enseñanza y dejó las bases para la técnica moderna.
· Beer y Tausch
Joseph Beer (1744-1812) y Franz Tausch (1762-1817) fueron los primeros clarinetistas importantes en el panorama musical y fueron ambos responsables por el desarrollo de un estilo de tocar distintivo. Fueron también los primeros profesores de importancia y aunque ninguno de los dos dejó un método escrito, la influencia que dejaron en sus alumnos fue profunda. El estilo de Beer, que se transformó en el estilo francés por su prolongada estadía en Francia en la cumbre de su carrera, era de gran sonido y estridencia. Tausch, cuyo estilo era conocido como “alemán”, agregó belleza en el sonido y detalle en la ejecución, además que alcanzó una gran maestría técnica.
Beer, durante sus primeros años en París, le enseñó a Etienne Solére y Michel Yost, quienes se convirtieron en grandes intérpretes. A edad madura dejó París y mientras transitaba por Alemania, quedó tan impresionado por el estilo de tocar que se puso inmediatamente a trabajar en su propio sonido y desarrollo expresivo. Viajó luego a Rusia donde sus cualidades musicales le dieron muchos años de éxito en esas tierras. Sus últimos años los dedicó como músico de cámara del Rey de Prusia, quien lo designó maestro en la Escuela Militar de Música en Postdam. Tausch mantuvo contactos con la corte de Mannheim, Munich y Berlín. Llegó a tocar años más tarde a dúo con Beer en alguna corte, y en 1805 fundó un Conservatorio para Instrumentos de Viento donde se educaron instrumentistas de primera clase. En los primeros años de esta escuela especializada, Heinrich Baermann se convirtió en uno de sus alumnos. Ya que Baermann había seguido clases con Beer anteriormente, ambos maestros pueden decir que son responsables por formar uno de los mas grandes clarinetistas que el mundo haya visto. El clarinetista finlandés Crusell era otro intérprete muy conocido por su calidad interpretativa, una mezcla entre el estilo francés y alemán, ya que tomó lecciones primero con Tausch y luego con el alumno de Yost, Lefévre.
· Lefévre
Jean Xavier Lefévre (1763-1829) vivió en París en los turbulentos años de la revolución francesa y las guerras napoleónicas. Su manera de tocar era cautivante, bajo la tradición francesa de Beer. Además de ser un notable solista, ejerció en las mejores posiciones de la ciudad, incluyendo la de primer clarinete del emperador. Debido al gran número de clarinetistas necesitados en las bandas del ejército de Napoleón, hubo una gran demanda por clases y cuando el Conservatorio de París abrió sus puertas en 1795, Lefévre era uno de los 19 maestros designados a enseñar a ciento cuatro alumnos de clarinete. Lefévre fue encargado de escribir el método oficial a usarse en el Conservatorio, libro que se imprimió en la misma institución en 1802. Este método fue reimpreso y editado por Hermann Bender, Romeo Orsi y Alamiro Giampieri. Forma también la base del método de Julius Pisarovic, y es utilizado aún hoy en día.
· Muller
Iwan Muller (1786-1854) presentó su clarinete de trece llaves al Conservatorio de París para que lo revisaran en 1812. El argumentaba que este nuevo clarinete podía tocar en todas las tonalidades con facilidad, cosa que en el futuro los instrumentistas necesitarían solo un instrumento. Tuvo la mala fortuna de encontrarse con Lefévre como miembro del comité asignado a juzgar su nuevo instrumento, ya que Lefévre consideraba que el hecho de agregarle más agujeros que los que necesita su propio clarinete de seis llaves distorsionaba la calidad del sonido, y esto si dudas influyó en el jurado. El invento fue entonces rechazado bajo los argumentos que los compositores desean la variedad de colores que los diferentes clarinetes ofrecen. Muller no aceptó la idea de ser rechazado y viajó con su nuevo invento por toda Europa y Rusia ofreciendo conciertos de tan alta calidad, que pronto su instrumento fue proclamado como el clarinete del futuro. Muller fue un viajero incansable durante toda su vida y nunca se estableció por mucho tiempo en un lugar fijo para ganar reputación de maestro, pero sí escribió un método para su clarinete en 1822 que prosperó exitosamente en ediciones posteriores.
· Berr y Klosé
