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3 de noviembre de 2011

La educación musical Latinoamericana en la perspectiva del siglo XXI

Armando Sánchez Málaga es maestro, director de orquesta, ex-director del Conservatorio Nacional de Música y actual director del Centro de Estudios e Investigaciones de la Música Latinoamericana en Lima, Perú. Este artículo fue publicado en la Revista Musical Peruana N° 5 en junio de 1998. Con estas lineas, pensamos hacer una reflexión musical general sobre nuestros países, que en un futuro cercano, dependerán de nuestra generación para enfrentar los desafíos de este nuevo milenio.


La situación de la educación musical latinoamericana en la perspectiva del próximo siglo ha sido uno de los temas que han centrado el debate en los últimos encuentros de educadores musicales de nuestro continente. Especialistas de diversos países han examinado la problemática de la formación musical y formulado recomendaciones para ser sometidas a la consideración de las instituciones y gobiernos responsables de su atención. Aunque la educación es diferente y tiene sus propios matices en cada país, se comprueba, sin embargo, la existencia de algunos problemas comunes . Es pertinente por eso hacer propuestas conjuntas y encontrar los mecanismos de colaboración entre los diversos países de la región, aprovechando las posibilidades que ofrecen hoy los medios de comunicación. La cercanía del nuevo siglo es una buena oportunidad para hacer un balance de lo realizado y encontrar nuevos caminos para nuestro desarrollo musical.


· La educación musical escolar

En este campo la situación es desigual y compleja. En algunos países se ha alcanzado progresos importantes debido a las políticas educativas, a la participación de especialistas de alto nivel y al trabajo de los maestros. A esto se suma la labor de las instituciones y de las personas dedicadas a la investigación y a la capacitación que realizan grandes esfuerzos para lograr que los niños y jóvenes de nuestro continente reciban una buena educación musical. En los últimos años centros especializados como el Instituto Interamericano de Educación Musical (INTEM) con sede en Chile ha capacitado a un buen número de jóvenes educadores musicales y desarrollado programas de asistencia técnica en varios países de la región. Organizaciones como el Foro Latinoamericano de Educación (FLADEM) que agrupa a los educadores musicales con adherentes de otros continentes, ha celebrado varias reuniones de especialistas y viene realizando tareas de organización, capacitación y difusión que empiezan a dar sus frutos. El FLADEM cuenta con filiales en la Argentina y otros países. Varias universidades han asumido la tarea de formar educadores musicales, como sucede en Venezuela y Colombia. En Brasil existe una larga tradición en el campo de la educación musical escolar desde la época de Villa-Lobos. Igualmente en Argentina educadoras como Violeta Hemsy de Gainza y Aída Terzián realizan una labor que trasciende internacionalmente. Chile fue pionero gracias a la labor de personalidades como Cora Bindhof, Elisa Gayán y Brunilda Cartes. Costa Rica realiza actualmente un trabajo fructífero gracias a la colaboración entre las universidades y el sector educación. Sus nuevos programas de educación escolar, aprobados en 1996 constituyen una propuesta que merece la mayor atención.

Pero no son muchos los gobiernos y autoridades educativas que muestran tener conciencia de la importancia de la educación musical. En esos casos hay que confiar en la propia iniciativa de los Centros Educativos y en la dedicación de los maestros para seguir hablando de educación musical en ese nivel. Por esa razón es que muchos jóvenes al llegar a la universidad muestran un insuficiente desarrollo de la sensibilidad y del gusto por la buena música. Una gran parte de los niños latinoamericanos que asisten a las aulas escolares no realizan actividades musicales. Todavía subsiste en muchas partes la concepción tradicional del curso de música más inclinado a la teoría que a la práctica. El profesor de aula debería convertirse en el primer educador musical haciendo cantar a los alumnos, despertando su interés por el mundo sonoro (ecología sonora) , e incentivándolos en la expresión corporal . Estos son aspectos fundamentales para desarrollar la sensibilidad musical y despertar desde los primeros años de la vida el interés por la música. El curso de música a cargo del especialista debería tender de preferencia a la práctica coral e instrumental y la apreciación musical. El maestro de educación musical debe tener la oportunidad de actualizarse para aplicar nuevas técnicas en correspondencia con los grandes cambios que se producen en el mundo de hoy. Por lo pronto tendría que optar por una pedagogía abierta, que como propone la educadora argentina Violeta Hemsy de Gainza , se oriente a partir de una plataforma que incluya lo mejor de cada una de las corrientes pedagógicas musica les que se han desarrollado en el siglo XX . En esa plataforma habría que considerar por ejemplo, el método de Dalcroze, que tendría que ser aprovechado también en la formación rítmica de los músicos profesionales en nuestros conservatorios y escuelas de música; la concepción de la improvisación del método Orff; la aproximación y utilización del acervo nacional que propone el sistema Kodaly; los planteamientos, en cuanto al desarrollo sensorial, del sistema Suzuki, hasta llegar a las propuestas innovadoras de Murray Schafer, el 'gran transgresor', con sus ideas iconoclastas que enriquecen la pedagogía musical con una original frescura y creatividad.

El maestro al que aspiramos hoy no sólo debe tener una sólida formación musical y pedagógica sino que debe manejar aspectos de la tecnología sonora y desarrollar su fantasía. Convertirse, en otras palabras, en un maestro innovador.

Sería ideal aspirar, como lo propone el educador norteamericano Paul R. Lehman, a que en el siglo XXI todos los jóvenes canten y toquen por lo menos un instrumento; que aprendan a crear e improvisar música; que entiendan la música ; que lleguen a familiarizarse con una amplia variedad de música; y que conozcan la música de distintos grupos culturales (la música del mundo). En países como el nuestro, no por menos ambiciosos, tendríamos que aspirar a que en un futuro cercano una buena educación musical llegue a un número mayor de jóvenes y niños que hoy padecen de lo que el mismo Lehman considera una mala nutrición musical.


· La formación del músico profesional

América Latina cuenta actualmente con músicos profesionales de excelente nivel que salen de nuestros conservatorios y escuelas de música y que no tienen que marcharse a Europa y a los EEUU para estudiar como lo tenían que hacer en la mayoría de nuestros países hasta mediados del siglo. Hoy salen para perfeccionarse e intentar hacer una carrera internacional.

América Latina logró transformaciones importantes en las últimas décadas modernizando sus conservatorios y escuelas de música, abriendo nuevos espacios en las universidades y buscando respuestas originales como la del Instituto Di Tela de Buenos Aires creado por Alberto Ginastera que permitió a muchos jóvenes compositores latinoamericanos en la década del 60 estudiar con algunas de las figuras más importantes del siglo XX . Esa experiencia pedagógica significó un salto cualitativo sin precedentes en el desarrollo de la creación musical en América Latina. Ya antes también la labor de personalidades como Carlos Chávez en México, Harold Gramatges en Cuba; Hans J. Kolreuter en el Brasil. Juan Carlos Paz en la Argentina y Domingo Santa Cruz en Chile. Para citar solo algunos, contribuyeron a esa transformación.

En el campo de la ejecución instrumental surgieron también iniciativas novedosas que se han convertido en modelos de desarrollo musical, como el Programa Juvenil de la Orquesta Sinfónica de Costa Rica, creado en 1972 bajo el lema '¿Para qué tractores sin violines?' . El Movimiento de Orquestas Juveniles de Venezuela creado por el maestro José Antonio Abreu que revolucionó la vida musical venezolana y generó centenares de orquestas en todo el país; el 'Plan Batuta' que se extiende por todo Colombia y uno similar recientemente creado en México. Todos estos movimientos forman ejecutantes utilizando novedosas metodologías que se adaptan a nuestra realidad y que de alguna manera han puesto en cuestión la formación tradicional seguida por la mayoría de escuelas y conservatorios apegados a los modelos académicos europeos. Se ha demostrado la eficacia de unir la teoría y el estudio individual con una intensa práctica grupal. De éstas experiencias que tienden a la modernización de la enseñanza musical se deberían sacar valiosas conclusiones.

Sin recusar la herencia europea y sus aspectos técnicos es hora de repensar la organización de nuestras instituciones y transformar los programas de enseñanza musical de acuerdo a las necesidades del desarrollo musical. Nuestros músicos requieren, además de una sólida y actualizada formación técnica una auténtica conciencia nacional y latinoamericana que, deberían adquirir en su propia alma mater.

También es necesario, dentro del 'aggiornamento' del músico profesional, ofrecerle mayores oportunidades de recibir una formación humanística y cultural y poner a su disposición las herramientas pedagógicas que requiere cuando opta por la enseñanza. Un buen maestro requiere no sólo del talento sino de una formación especializada para ejercer tan delicado oficio.


· La educación musical del público

Aquí tocamos un punto crucial para el desarrollo de la vida musical y la formación del gusto por la música. Hoy más que nunca es necesario informar y educar al oyente para que tenga mayores elementos de juicio en su apreciación de toda la buena música y se libre de los efectos negativos del comercio musical que se extiende a través de la mayoría de los medios de comunicación. En esa dirección es posible establecer una acción concertada entre las instituciones musicales, la crítica especializada y los educadores musicales.

La apreciación musical debería ser un curso regular en los estudios generales de las universidades, complementado con conciertos didácticos extensivos al público en general. Habría que persuadir a nuestros compositores para que escriban obras para ese tipo de conciertos. La labor de difusión musical tendría que comprender también a la música del siglo XX y a las obras de los compositores latinoamericanos.

Hay que procurar encontrar nuevos espacios para el desarrollo de la actividad musical que atienda a amplios sectores de la población y contribuya a la educación. Conciertos pensados para los niños, jóvenes y adultos. Conciertos didácticos que realmente sean tales. Preparados por especialistas con una programación adecuada, continuidad, metodología y objetivos claros.

En el tercer milenio los educadores y los músicos profesionales latinoamericanos tienen urgentes y renovadas tareas que cumplir en beneficio de la cultura y del desarrollo musical de sus pueblos.

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